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Que vengan en verano

César Jiménez es diputado por Castellón en Les Corts Valencianes .
Vicenta Jiménez es senadora por Alicante de Podem.

La irrelevancia en la cual hemos caído por la débil posición de las cúpulas valencianas de los dos partidos mayoritarios al Congreso fue demostrada una vez más con la presentación del borrador de Presupuestos Generales del Estado para 2017. Dos días después de la visita exprés de Mariano Rajoy en València, donde es evidente que hizo oídos sordos a las demandas postizas de Bonig, nos vuelven a condenar un año más a recortes severos en inversiones por nuestro territorio. Cinco meses después de que Ximo Puig contribuyera a entregarle el gobierno a Rajoy a cambio de nada, empezará a comprender el peso de su decisión, que ha abortado cualquier posibilidad de “crear el problema valenciano en Madrid” y, en cambio, nos ha situado a la cola en inversiones por parte del Estado.

No es la primera vez que Ximo Puig pone por encima los intereses de su partido a los intereses de los valencianos. Y es que posicionarse junto a la gestora y las élites del PSOE para asegurar el régimen bipartidista, no ha sido operación rentable para las valencianas. Si esperaba que Rajoy se lo agradeciera, aquí tiene la respuesta: unos presupuestos reducidos un 30% respecto a los del año pasado.

Hasta aquí el análisis casi unánime de los motivos que nos han llevado a la situación actual. Ahora tendríamos que pasar a las propuestas. Sería demasiado pedir que de repente los políticos lloricas cambiaran su percepción sobre la financiación como un juego de suma cero donde nos limitamos a quejarnos que somos las valencianas las que sacamos los pies cuando otras CCAA echan de la manta. No lo pediremos por lo tanto, propondremos cosas más sencillas y visibles.

Primer paso, pongámonos a hacer números. ¿A cuántos meses de financiación justa por persona equivale la miseria que se nos ha asignado? ¿7 meses, 9 meses? Imaginamos que la respuesta son 9 meses. Planteémonos que el año tiene 3 meses menos y damos cobertura en servicios dignos por nuestra gente, las y los que vivimos aquí todo el año y luchamos para echar el país adelante. ¿Y que hacemos los otros 3 meses? Hay una parte del año que denominamos verano en la que recibimos visitantes de otras zonas de España que estarán deseosos de conocer los usos y costumbres de nuestros habitantes. Siempre han estado muy interesados en saber qué pasa en la Comunidad Valenciana.

Digámosles que lo sentimos mucho, que no les podremos atender en nuestros hospitales. Expliquémosles por qué se han encontrado este año las playas sucias. Que nos cuenten ellos que se han encontrado las carreteras sin mantener al entrar en nuestro territorio. Aprovechemos que sale el tema para hacerles entender la magnitud del expolio. Contemos que, para que ellos lleguen 30 minutos antes a su destino de vacaciones, cada uno de nosotros pasamos 50 horas más al año montados encima de trenes de cercanía que se averían continuamente. Paremos las líneas de autobuses en verano y razonemos que hemos suspendido su festival de música favorito porque somos incapaces de pagar las dotaciones. Vendámosles pociones milagrosas contra los mosquitos a precio de oro, puesto que este año no habremos podido fumigar. Notarán que hay más gente pidiendo limosnas por la calle, dificultándoles hacer buenas fotos para compartir al chat familiar. Si no pueden extender su toalla como hasta ahora, quizás podríamos encontrar algún tipo de reacción.

En este punto estamos. Y todo por confiar en que, por un golpe de suerte, cambiaría una situación coyuntural de hace 4 décadas. La culpa es nuestra y sólo nuestra. Por no hacer el trabajo en Madrid como toca, pero sobre todo por no haber cambiado nada aquí para no continuar dependiendo absolutamente de la voluntad de las élites centralistas de los partidos del turismo. Por no haber avanzado lo más mínimo en una Hacienda propia más allá de declaraciones grandilocuentes. Por no haber impulsado una tasa turística por no sabemos qué miedos a que no vuelvan aquellos que no son solidarios con nosotros. Por no habernos movilizado en la calle por unos servicios públicos esenciales dignos. Por no estar encadenándonos en los peajes. Estas cosas que ahora se denominan “montar un pollo”.

Publicado en ValènciaPlaza el 7 de abril de 2017: http://www.valenciaplaza.com/que-vinguen-a-lestiu